Narración del lugar-común 13. 09. 2006
Posted by Marco in ¿Literatura?.trackback
Ya no parece que exista ni lugar ni tiempo para la narración sin que aparezca en un lugar-común. Así que la atemporalidad es el deseo tenue que se escurre entre el paupérrimo léxico que he asimilado.
Rondaba por esos lares de no buena fama ni buen sonante nombre. Y ya ella se cree que yo padezco mi aislamiento social en una calle oscura, donde la acechanza detrás de las sombras contamina el poco aire por inhalar. Incluso pensará que huyo cobardemente de mi tallante sombra. ¡Qué fastidio resulta el no poder escapar de los lugares comunes de la plebe que se atiborra de Letras de una misma tonalidad! Si tan solo ella me creyera, confiara en que esos “lares” no deben representar lo ya conocido por tales categorias denigrantes, sino que quisieran mostrar lo que, a simple vista, parece todo lo contrario.
Es decir, ella no quiere aceptar un gris que le pinto de rosado (ya harta el contraste blanco-negro, como si Occidente guardara espacio disponible en sus intestinos culturales para que atienda felizmente a atragantarse en reiterada con esa racista figura literaria de lo “claro” contra lo “oscuro”). No da espacio el lavatorio para seguir deglutiendo a la inversa tales hipocresías que se visten de Letras y celebran pomposamente fiestas y bailes en la Hacienda de la Luz, mientras que no claras sirvientas se subyugan a sus aristocráticos deseos de disfrutar la velada con sus oblícuos cohortes que enlazan los compases. Y todo para decir que no me gusta la metáfora de lo “blanco” contra lo “negro”. A ella sólo le decía eso, nada más.
Ella me regañaría después si dejo que esa marca que llaman “punto” aparezca acompañada de cohortes, los “puntos suspensivos”. ¡Qué de suspenso hay en un símbolo tipográfico, cuando todos nadan en las pacíficas albercas de Lugarescomunes, en lo alto de las montañas, “dentro de un cálido ambiente de amabilidad” que será “del deleite de ellos” mientras les vacían el buche!
Sí, ella no me entiende. ¿Qué se le va a hacer al caso? ¿Obligarla a infames zarpazos de palabras a que simule que no le caben dudas sobre lo que le expreso? Ese otro lugarcomún de los hombres contra las mujeres en calidad de “dominantes-dominadas” (ya viene ella a reclamarme lo obvio del lugarcomún). En todo caso, ella, diga lo que diga, no tiene ninguna obligación ni responsabilidad de entender los sentidos que sugieran vocablos yuxtapuestos. Igual, esa “trata” de severo falicismo (como si existiera ese hijo no reconocido de la prole de los ismos) no hace más que demostrar lo cobarde del hombre: porque él no quiere que lo dominen y subyugen, sino que con su obsesión (connota comportamientos de agresividad y supuesto control) la encasilla a ella en un abuso mental que simula (y sugiere) el físico.
¿Es que no podemos los hombres sencillamente botar esa llamada “superioridad del macho”? Se inventó hace tiempo para darle un nombre “poderoso” a lo que las mujeres saben desde siempre: el hombre es cobarde y débil ante ellas. ¡Cuanto más contradiga él dicha tesis, con mayor fuerza la afirma! Si ella me permite el término, ¡es que los más machos sí que son “maricas” de primera!
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