Aufsätze
Escribir sin corbata
Y tratando de buscar algo para desayunar a tan albas horas, fue visitando él alguna vía o calle en donde los comercios rápidos abundaren. “Rápidos” no sólo en el sentido de la aptitud para ofrecer pre-preparados, sino además debido a la liviandad de tales establecimientos en el sentido de permanencia en su sitio. “Si lo permanente es el cambio”, murmuraron sus pensamientos.
Discurro en que se trate necesariamente de una frase que él haya obtenido después de elucubraciones filosóficas sobre los procesos de existir. Para mí, no fue más que la reiteración obtusa de una frase publicitaria.
Esta persona, además de aquel que intentaba visualizar la enmarañada psyche del personaje podían perfectamente pasar como un par de seres distintos. Sim embargo, ¿quién dice que deba ser dogmática la tendencia de “separar” al narrador omnisciente de sus caractéres? ¿No se trata de la misma persona la que describe y narra como, en última instancia, la que ejecuta la acción?
Aquel personaje del que un escritor conmenta el quehacer resulta ser un reflejo de la persona misma que lo trae a la vida, sea como una búsqueda por plasmar textualmente su presente, sus deseos o esperanzas. O también al considerar que la psyche se estructura y significa sólo en la ambivalencia, puede el escritor encarar sus miedos y odios al generar a un antihéroe, por ejemplo.
Así, puede permitirse creer que todos los personajes, por sentido creativo, representan a una sóla persona. ¿Pero qué tan segura y categóricamente pueden afirmar los eruditos de la psyche que se debe hablar, en toda ocasión, de “una persona” al referirse al mismo ente humano que exprese ideas o emociones, así como ejecute acciones?
En tal ambivalencia de la “unidad” de pensamiento que se conoce como “mente”, me es difícil tolerar la concepción de una integridad. Por el contrario, se trata de partes constitutivas en el consciente, y quizá un único subconsciente.
De tal forma, considero prudente experimentar con el enfoque de la narración en las producciones de estos tiempos. El flujo tradicional ha limitado la conformación de pensamiento y creación literaria al ambiente de lo temporal, sea lineal o no lineal (regresiones, presencia del futuro y otros). El lector, una vez que las bases de la lógica de un suceso que antecede a otro se hayan eliminado, pierde la noción de la continuidad de la “trama” en la novela. Sin embargo, parece importante cuestionarse el esquema del plano de la cronología. De este modo, ¿es posible convertir aquello que popularmente se conoce como “desorden de ideas” en una tendencia por sí misma?
Se hablaba de la perspectiva de narración, por lo que el guión discursivo parece, por un momento, haberse resquebrajado. Empero es el aspecto del tiempo en la novela uno de los “sujetos de muestra” dentro del experimento de alteración “visual” (si es que la audiencia no conoce, o reconoce otra metáfora de la percepción de la trama. ¿Qué excusas apareceran, cual hongos después de la lluvia, si se expresa “oir el panorama de la historia” o “asir e flujo del relato”?).
Específicamente, el plano del tiempo, al utilizar, por ejemplo, una variedad de narradores omniscientes, así como otro conjunto de narradores protagonista, es la cronología de eventos una de las “víctimas” de tal “tergiversación” de la historia original, si el escritor partiera de alguna. En tal medida, un evento comentado desde varias perspectivas implica una reverberación de lo ya comentado.
La barrera de nuestro espacio-tiempo restringe a un elemento “vivir” dos o más situaciones en un lapso de tiempo definido (exceptuando, según las Teorías del Cuanto que algunas partículas elementales pueden “existir” dos veces en un período definido). De tal modo, dos narradores omniscientes que apliquen su observación y su influencia creadora sobre un mismo personaje encontrarán un yugo temporal para lograr que el caracter actúe doble a un tiempo (salga de casa y, en el mismo instante, preciso segundo en que gira la llave hacia la derecha, lo haga a la izquierda).
Es claro que, para una audiencia algo entendida, que un aspecto como el de dos situaciones a un tiempo sonare o asemejase a la tendencia a creer en universos paralelos. Sin embargo, tal paradigma implica la “existencia” de dos “yo”, dos “tú”, etc. Lo que planteo es realmente soltarle las cadenas al Prometeo que los abusadores Zeus creadores hubiérenle colocado a través de la Literatura. Así, se trata de implementar una novedosa técnica narrativa, de tal manera que se muestre y manifieste explícitamente que un ser resulta dos o más.
El hecho, al citar el ejemplo de abandonar la residencia en que dos acciones contradictorias surjan en el mismo segmento temporal, sugiere una división o indecisión por parte del actor de la “trama” (o, planteado de forma menos limitante, del objeto observado por el lector). Lo trivial del ejemplo y la simplicidad de su intención no debe servir como simple canon para la aplicación del método, ya que la verdadera creación de un relato vuélvese, dependiendo de la capacidad de los “escritor” (nótese la intencionada incongruencia en número), más imaginativa conforme se utilice la técnica. De este modo, cada “creadores-en-uno” debe definir la forma y el esquema en el que tal perversión de la narrativa deba iniciar.
Además resulta algo repetitivo el concentrarse, al valerse de tales herramientas, en el aspecto de la psyche del personaje. Debería existir lugar para la crítica social o el comentario histórico entre las categorías de las obras resultantes bajo tal método en período de prueba.
Vuélvese evidente que la extravagancia en cuanto a usos literarios resulta, a través de las épocas, la revolución que establece nuevas pautas. No se trata aquí de crear nuevas Letras y asumir que tales obras logren éxito literario y auge del “escritores”, sino de una respuesta al avance del esquema en el paradigma temporal. En pocas palabras, lograr que en la narrativa los eventos ocurran y no ocurran, de tal modo que la Incertidumbre de Heisenberg afecte a las personas imaginarias más allá que al conjunto de partículas subatómicas.
A continuación presento una posibilidad de utilización del método citado:
Firmó y no firmó, ya que deseaba renunciar, abandonar la moderna perdición de ese centro de llamadas. Además quería permanecer en ese, su apreciado lugar de trabajo del centro de llamadas, el cual estaba parcialmente decidido a abandonar.
Le agradaba la presión y constancia empresarial a la que era sometido. Aparte de que su desprecio por tal “pocilga ética” lo aventaba a la puerta de salida; tenía deseos fervorosos por establecerse como estudiante de tiempo completo.
Una vez que entregó la solicitud de abandonar su puesto de soldado raso en la parafernalia moderna, decidía quedarse trabajando más horas de lo acostumbrado, ya que amaba la empresa y por ningún motivo aceptaría colocar su signatura en la infernal solicitud de renuncia.
En esta muestra de establecer dos historias en un mismo personaje, resulta claro que un lector no preparado encontrará la constante contradicción repugnante dentro de su percepción limitada a la lógica del “sí” o el “no”. Se trata, de esta forma, de entender que tal narrativa no contiene contradicción alguna, ya que el ámbito temporal se comprime. El hecho de que, superficialmente, las frases de afirmación y negación del mismo evento aparecen contiguas, no implica que se deban interpretar como subsecuentes en la misma continuidad temporal.
Se trata, además, de poner a prueba la flexibilidad mental del lector, ya que estará lidiando con un entramado en la narración, el en cual deberá discernir las distintas versiones (lógica tradicional) y, al mismo tiempo, asimilarlas como una sóla historia.
Inicio el 23 de junio
Pues, a final de cuentas, éste si puede ser un texto dirigido hacia alguna persona: yo mismo. ¿No es así con todas las obras sinceras que el Arte por el Arte produce?
Se trata primero, desde mi forma de percibir el mundo, de encontrar el sentido o la razón de ser a lo que voy a ejecutar. Puede ocurrir que la razón de ser de una monografía sobre mí con respecto al mundo (no creo que el término se adapte al tipo de texto, pero, en forma general, hablará sobre mis pensamientos). Todo sin límites temporales. La atemporalidad de los acontecimientos sólo puede existir en la mente, en la verdadera red natural donde no hay comienzo ni fin.
Espero necesariamente ser capaz de utiliza esta oportunidad que la noche del 23 de junio del 2006 me permite (vale, pero si es una fecha, ¿no hablábais de atemporalidad? Claro que se debe empezar desde algún punto: el ahora) para entenderme a mí mismo (nadie lo logra, y la vida es demasiado corta para realizar todos los análisis que se requieren).
No sé si realmente estoy plasmando en grafito lo que deseo expresar. Se debe comprender que yo no soy necesariamente un tipo de ser humano que pueda ser catalogado como normal: mis ideas pueden viajar más rápido que mi actuar. Se queda atrás y no avanza a como deseo. Se trata también, no sólo del actuar, sino del escribir como una forma de actuar.
¿Y por qué un acto no más agresivo o valiente que rozar pulpa de papel solidificada con una barra de carbono en forma de grafito puede ser un “actuar”? “La portada de las ediciones nuevas se habían hecho con la piel de los que criticaron la anterior” dice Savater en “Leer para despertar”. Él no quiere realmente hacer énfasis en que podamos, como seres humanos que representamos usted y yo, llegar al extremo de expresar nuestra ira con una forma grotesca de esa magnitud. A lo que se refiere es al poder que tiene el papel con palabras para causar cambios: inspira a las personas.
El papel no es más que un medio de ideas. Hasta un “medium” puede ser considerado: la voz de los muertos existe entre los vivos en forma de texto impreso. No ocupamos sesiones espiritistas (respeto y tolero creencias, pero debo advertir que no soy religioso).
La doble dimensionalidad del papel es necesariamente un bloqueo para mis ideas. Ancho y largo como dimensiones físicas, las cuales, a nivel psicológico, sólo vuelven a mostrar una dirección: hacia adelante (o hacia atrás, si pensamos en los japoneses y chinos con sus textos de bella caligrafía, así como sus gramáticas minimalistas pero directas y funcionales).
Estas limitantes marcan una forma de retener el excesivo afluente de mis ideas. No quiero decir que yo tenga mucho que he pensado y otros no. Me refiero a que todos tenemos la capacidad de ir a una alta velocidad pensando. Es deber de la realidad establecer el ordenamiento vial de esos carros de carrera en zona urbana. En realidad, todos tenemos nuestro Ferrari (no soy fanático del automóvil, y menos de los usados para explotar la adrenalina: una simple comparación es lo que deseo hacer), sin embargo, muchos no vamos tan rápido, ya que no logramos conducir a velocidad temeraria sin chocar (es claro que todo cuanto sea terreno de tránsito de esos coches es la mente humana, no las autopistas de asfalto o concreto donde, por extrema imprudencia, tanto de conductores como transeuntes, se pierden vidas en accidentes que tal vez nunca logremos prevenir eficientemente).
Comienzo el 23 de junio, pero puedo continuar hasta que el grafito no coopere reflejando mis pensamientos. El “buffer” puede corromperse y dejar de aceptar datos (sí, las computadoras: para muchos se trata de un mal necesario).
Reflexiones sobre la hoja en blanco
Se entiende por una hoja en blanco un entramado de fibras que no contienen nada más que otras fibras. Ni tinta, ni grafito. Eso es una hoja en blanco.
Sin embargo, a como nosotros como especie nos aburrimos de lo que presenciamos y percibimos, por lo cual pretendemos buscarle un significado o una razón de ser a lo que nos rodea, encontramos el paradigma de la hoja en blanco.
Un sin-contenido, el cual, según el contexto, tiene un sentido definido: en un examen equivale a obtener 0 puntos, ya que no se hizo ningún esfuerzo por responder a las preguntas sobre la hoja.
Para cuestiones prácticas, una hoja en blanco implica un punto de inicio para la escritura o el dibujo. Lo que se evalúa es la forma en que cada uno muestra sus conocimientos y sus capacidades intelectuales o creativas sobre un vacío.
Según uno que otro, el universo le tiene miedo a la nada. Nosotros buscamos toda la estopa posible para rellenarla, aunque sea basura.
Fuera de una evaluación o de la hoja en blanco como un objeto funcional, la paradoja radica en que, como objeto simbólico, la hoja en blanco tiene una infinidad de significados.
Puede referirse a un nuevo comienzo, una muestra del desastre ecológico al cortar árboles y blanquear la pulpa con cloro, una nube blanca sobre fondo blanco (sí, hasta ese absurdo es un sentido que se obtiene de ver una hoja en blanco), la forma representativa del silencio literario, la supuesta paz ideológica en las imprentas de gobiernos totalitarios (si no aparece nada publicado, no hay nada que censurar).
También, como se entiende en la obra de Kozinsky, se trata de todos los temores imaginables para las clases dominantes en medio de la Guerra Fría concentrados en una persona. Sí, no me regañen, ya sé que se trata de un ejemplo obvio.
El caso es que, aún cuando una hoja en blanco se llene, siempre podrá permanecer como una “hoja en blanco”. A lo que me refiero es que la existencia de contenido no implica claridad.
Si se rellena esa hoja en blanco con un texto de contenido incomprensible, puede ocurrir que, a pesar de que aparecen palabras que se identifican, no se diga nada. De ese modo, el hecho de que se haya escrito sobre el papel no lo salva de heredar la naturaleza de un sin-contenido.
No me sorprende que algunos, si llegan hasta aquí y no se hartan de los lugarescomunes de un “viajante” de las letras como yo (mas frústrome como Traveler en “Rayuela”), relacionen el sin-contenido lleno de texto impreso con los discursos de varios políticos, personas públicas y privadas.
Sobre la Erudición
Tengo la impresión de que las ideas se desarrollan alteradamente en la cabeza, dispuestas a salir “corriendo” (si se me permite darle simples extremidades a cuestiones tan abstractas y tan infinitas como las ideas o los conceptos). Sin embargo, se acobardan, ya sea en el lapicero o lápiz, en la lengua o en el teclado. Le tienen miedo a “echarse al agua” fría, pero tiene que aprender a nadar. Sí, pueden ahogarse, pero, de otro modo, se quedan en cama todo el día y no aprenden lo que es arriegarse a aquello que se detesta.
El mismo Baudelaire dijo en su momento que algo de la lírica de Poe la tenía en el tintero. Sí, me interesó la forma de escribir. Según lo catalogan, decadente. Lo leí en español (todavía no sé français). No me ha atraído en extremo, como a otros. A mi criterio, aprender francés es para no quedar a la deriva ante la extensa bibliografía que desarrolló a Occidente.
Prefiero la fuerza sobrehumana del alemán. Ya sé lo que piensan, el Phallus, según Freud. No necesariamente una imagen es una imagen (”Ceci, n’est pas une pipe” de Magrite). Deutsch zu lernen macht aber doch spass (auf jeden Fall ist Deutsch nur für diejenigen, die der Germania gut schmecken. Achtung: ihr werdet “gefressen”).
Volviendo al tema (divago “harto demasiado” (español del Siglo XVII, lo utilizó la traductora de Umberto Eco en “La isla del día de antes”)), el caso es que, para escribir bien, se supone que se debe leer mucho (y no me vengan a decir que Eruditos de la categoría de Eco no son de virtuo super hominum).
Pero, a final de cuentas, ¿qué es el buen escribir, si no el ser capaz de esclavizar la palabra? Subyugarla a la magnitud de opresión a la que un ser humano perecería. Extremar su capacidad para que se exprese post Antípodas. Non mortandis, non vivendis. Aeterna, non finis qual Deo, qual Daemon.
Sin embargo, creo que, sin la providencia de la Erudición, las obras pueden llegar a ser decente material para los mismos Eruditos, a quienes considero como los verdaderos Faros del ars scribendis.
Para la ineptitud de las fantasías del Occidente que promueve deificar al Techne y proclamar las buenas nuevas de la mejora de la calidad humana a través de la eficiente producción (sacrificando el bienestar del homo laborandis, claro está para ellos y para la mayoría, ya que pertenecemos inevitablemente a ese mismo saco), el canon es la obra que se enfoque en la acción, el moverse rápido, el estar al borde de la muerte, sobrevivir a los malos y triunfar con los buenos. ¿Qué más superficial?
El Erudito vomita extensivamente (también interprétese en el sentido que Cortázar le da en “Carta a una señorita en París”) sobre esa inconsciencia, a la que yo, igual que la mayoría, estamos expuestos y la que digerimos, a veces sin percatarnos (no toda la inconsciencia tiene el mismo sabor, ya que a veces no sabe a nada). La peor parte radica en que esa inmundicia le es un manjar a la parte animal de nuestro ser. Los críticos que discriminan esa desgracia de anti-intelectualidad son igualmente tan hipócritas como los moralistas religiosos que discriminan el desenfreno.
Lo que diferencia a los verdaderos Eruditos del resto radica en que han superado las “tentaciones” de la bestia en cada uno de ellos, pero no se involucran con las luchas entre el “bien y el mal” que cada persona enfrenta consigo misma.
Sí, cada uno es su propio ente divino y diabólico. ¿No se dan cuenta de que dividir esas fuerzas y etiquetarlas surgió como un invento del Medievo para que la Iglesia tuviera control sobre los fieles?
Cada uno es su propia salvación y su propia destrucción. Cada uno es su propio lapiz y su propio borrador. Un ser crea y destruye. Procrea y aniquila en un sólo movimiento. El truco está en buscar el equilibro, sin amenazar a los demás, ni tampoco convertirse en sus sirvientes. Creo que es el combate más macabro e igualmente delicioso que cada persona realiza en su vida.
Reflexiones sobre las religiones y otros males necesarios
Básicamente no sé nada (ya que de varias cuestiones conozco un poco, pero nada a profundidad). El intentar buscar la erudición como meta máxima en la vida se convierte necesariamente en uno de varios infiernos en los que me ha tocado vivir. Una Piedra de Sísifo, pero se no se devuelve, sino que el camino hasta la cima se alarga cuando creo que falta poco. Todos tienen su piedra de Sísifo, sea la vanidad, la gloria, la popularidad, la búsqueda de la felicidad a como Occidente nos la cuenta, etc. Ustedes sabrán qué infierno viven.
El infierno y el paraíso están aquí en la Tierra, no en el más allá. Nunca creí en la vida después de la muerte, ya que, por medio de mis conclusiones sobre lo metafísico, el ser no es más que lo que físicamente existe.
Entiéndase por infierno, no aquel catacúmbico hastio de mugre, azufre y gritos de sufrimiento (souffre/soufre. Leí a Baudelaire y me parece novedoso para su época. Vale la pena la rebelión de imprenta de vez en cuando), sino un sinónimo del Paraíso. 1 + -1 da 0. Estamos en el planeta Tierra, un lugar prescisamente neutral a Dios y al Demonio. ¿Por qué tener que creer en los cuentos chinos de los religiosos, si se puede pensar críticamente (sí, tendrán razón, “pensar críticamente” son palabras que me quedan demasiado grandes, pero son ustedes los que eligen leer esto y obtienen sus conclusiones, aún cuando sea “great nonsense”)?
Las religiones engañan, ya que en su Génesis la ciencia no se había desarrollado lo suficiente como para aclararles a los seres humanos de antaño aquello a lo que siempre temían. La peste de la Edad Media no era un demonio, por favor! El Apocalipsis no va a ocurrir (claro, si el ciclo de la guerra y la paz continúa, ya nos quedamos sin lugar donde residir). Y ahora, la idiotez de la creencia continúa como plaga, abastecida de alimento y nicho por la inconsciencia populi: los homosexuales NO se van al infierno, por favor, creyentes, piensen! Igual que todos, no van a ninguna parte después de la muerte.
Lo único ventajoso en que las religiones existan, y la gente no sea apática en ese sentido, es que se ha convertido en lugarcomún para los que no entienden la ciencia. Le encuentran un sentido a la vida.
Yo tengo mi propio sentido de la vida (si es que vienen siguiendo el blog, se dan cuenta de qué se trata). El ateísmo es otro lugarcomún interesante.
Cuestiones sobre el medio en que se expresan las ideas
La palabra escrita puede sobrevivir más que el lienzo trazado o la piedra modificada. Lo importante allí es que basta con que persista lo que el autor expresó, o sea el contenido, no con qué medios lo presentó ante el mundo.
El problema con los ingenieros civiles y los pintores, al igual que todos los demás que expresan sus ideas en cosas tangibles, es que, si sus obras son destruídas, no es nada fácil volver a expresarlas, sin importar cuánto se hayan descrito. Además, toda forma de expresar sus ideas requiere de recursos económicos, que a veces son difíciles de conseguir.
Es obvio que las ideas no pueden quedar en la cabeza, sino que hay que expresarlas. En ese sentido, para mí lo mejor es los campos de estudio en donde todo lo que piense lo pueda explicar en palabras en papel o en un texto electrónico, y eso baste para decir que uno presentó su trabajo.
Esto se debe al abismo entre lo que podemos percibir y todas las formas en que tratamos de describirlo en la mente.
Por esa razón me gusta la literatura como forma de arte, en especial novelas, y la literatura científica, o sea artículos y ensayos que presenten ideas específicas. Los novelistas generan un universo, los editores de ciencia (filosofía, informática, matemática, historia, psicología, etc.) construyen objetos específicos.
La capacidad “eterna” del texto escrito radica en que, no importa qué medio se haya utilizado (ya sea una hoja de cuaderno o un documento electrónico), la esencia es la misma. Y para contentar a los que viven por la belleza de la imagen de lo escrito, aún cuando no entiendan lo que se explica, se usa la tipografía.
Y es lo curioso del texto escrito: si se destruyera la primera edición con bella tipografía, siempre y cuando uno conserve sus manuscritos, puede volver a redactarlo, aplicar la estética de las fuentes, y logra que tanto el lector interesado como el artista gráfico estén contentos. Uno porque lee las ideas en el papel, y el otro porque le gusta las formas que tienen las letras y el espaciado entre párrafos y líneas.
Básicamente lo que comenté se resume así: para que lo que se le ocurre a uno sea completo para los que lo lean, uno sólo ocupa, por ejemplo, un lapicero de ¢80 y un bloque de hojas de ¢100. Y para publicar basta un medio electrónico de difusión, como este “blog”, que es gratis (no gano nada promocionando este servicio. Cualquier “blog” gratuito sirve. Es sólo que éste en particular me agradó).
El productor de cine, por ejemplo, necesita contratar a los actores, alquilar las cámaras, comprar la cinta de grabación, etc. Así, una producción independiente no baja de algunos millones de colones. Sólo cuando él tiene la película completa, lista para rodar, es cuando el público puede disfrutar de su creación.
Reflexiones sobre el “bien” y el “mal”
Había llegado, por mi cuenta, a la conclusión de que el “mal” y el “bien” como entes/seres no existen (los conceptos del “bien divino” y el “mal demoniaco” no tienen fundamento). Lo que ocurre es que en lo que vivimos como serer humanos se llama naturaleza/universo, y a la naturaleza NO le interesa si usted está triste o feliz por una situación. Sólo se genera la situación y “allá cada uno” como la interprete y cómo la confronte o la disfrute. De ese modo, se puede entender que ese mismo carácter neutral se encuentra en todo ser irracional.
Pero llegó la humanidad y, para no complicarse tanto, dijo, a través de la mitología y la religión: lo “malo” era aquello con lo que la persona se siente enferma/no estable o se encuentra amenazada. Y lo “bueno” es con lo que nos sentimos cada uno en armonía. Perspectiva SIMPLEMENTE psicológica.
Y el problema es que esa visión polarizada del mundo ha prevalecido durante siglos. De allí surgen las “sanaciones espirituales” de los cristianos y las sesiones espiritistas de los invocadores de demonios. Unos para querer “sacar” el “mal”, y otros para querer “abrirle las puertas” al “mal” para que “entre” en el mundo.
En esa distorsión de la visión del mundo, el cristiano NO entiende que es cada persona la que se lleva a sí misma o a su propia destrucción o a su propio éxito. Y el invocador de demonios tampoco está haciendo algo que sirva (sólo se hace daño a sí mismo, ya que se AUTOINDUCE a pensar que el “mal” existe y que debe actuar para preservarlo. Por eso se lleva a sí mismo a su destrucción moral).
En cierta medida, cada persona es como una “araña” o una “abeja”: es el único ser responsable (y nadie más) de construirse su propia vivienda y evitar morirse de hambre. Y tiene los recursos para avanzar por su cuenta, aunque, como en el caso de las “abejas”, tiene que aprender a trabajar con los demás. (Sí, una analogía MUY infantil, pero sirve para explicar lo que pocos entienden!)
Belicosidad ante ciudades capitales
Concluyo (o inicio, puesto que el tiempo es circular) que las guerras conforman la Historia (como toda buena lógica de un colegial o un universitario afirmo esto, antes de que ese estado de consciencia se enmarañe en la hipocrecía de que la Historia la forman los hipotéticos héroes y me convierta en uno más de los trastornados políticos que contaminan la vida en sociedad).
Aunque concluir con tal confirmación de la Circunferencia cronológica que llamamos Historia (por momentos me siento geométrico, como un radio o un ángulo) sería, pues, una absurda condición. Considero, a partir de la naturaleza de la Historia, que la tesis de las guerras o conflictos entre los entes que pretendemos creer que se pueden llamar “naciones”, resulta incidir en la defensa de las urbes. Específicamente de la urbe mayor, la llamada “capital”.
Todo teórico de estrategia militar ha de coincidir en que sitiar y dominar una capital y las ciudades importantes funciona como sinónimo conceptual de dominio inmediato (en el sentido de directo, sin diatribas constriñentes de la calaña de los tratados comerciales y sus semejantes) sobre el conjunto patrio que se ataque.
Mas, volviendo a la reflexión concreta, la razón de ser de las guerras radica en acercarse asintóticamente (y a veces existe el límite en el punto) a ejercer el poder sobre una capital “enemiga” y sus habitantes.
[S|s]ystem
Let us define the so called system as the set of interactions between human beings to each other and to the environment they live in. There is a bias in the use of the word, though, since it refers most of the time to the result of a political/economical deployment for a period of time. Some people may curse the system, whereas others enjoy it every single day.
Real anarchism (not to be confused with “rebellion”), which should consists on a social living based merely on common sense (not completely, but asymptotically achivable, of course) would not bring down this system, but rather reshape it. Sadly enough, any attempt to establish an order will sooner or later not be accepted. The wheel of changes will turn again, as it has always done.
When defining the “system”, the meaning should be as general as possible. This means that there will be a system as long as there is a living human being (one single element of the set). Similarly, there is nowadays a system that consists of more than 6*10^4 people (6 billions, for the Americans). Evidently, the complexity increases accordingly.
Now, when there are lots of activists longing for a change (and there is a considerable ammount of lobbyists longing for the possibility of wiping opposition from the horizon), both (opposite) trends will still lie within the system. The system cannot be destroyed, only reshaped (just like if it were energy or matter). Thus, the only logical way to think about a change is to build, that is to lead the system into another direction. It sounds easy, but it could take centuries, considering a decrease of human population due to a conflict or a global natural disaster (both are completely plausible ways).
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