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Botadero tipográfico

Neo-urbanismo (léase “modernidad hasta el hastio”)

“Buenas tardes. Soporte Técnico. Le atiende Benancio. ¿En qué puedo servirle?” es lo que recuerdo que respondí, como siempre. La obstinada señora me dirigía directamente hacia su gangrena de conocimiento: “es que no sé cómo abrir una ventana”.

Claro, parecería fuera de contexto para esos incoherentes que relacionan “soporte técnico” con una lavadora o un automóvil de alguna compañía (cuando había varias). ¡Si es que yo trabajaba para La Compañía!

A mi alrededor comentaban constantemente que yo pertenecía a una Élite de los que Sabían, mientras que la amontonada mayoría se dedicaba (o mejor dicho, sólo podía hacer) lo que su condición cognitiva le permitía.

Las escuelas y otros accesorios neo-urbanos se abolieron. No creo poder determinar hace cuántos años (si es que alguna persona puede tener aún la idea abstracta del tiempo). Me arriesgo a establecer la inflexión histórica (¿alguien sabe qué fue el pasado, más allá de lo que haya hecho hace 5 minutos?) cuando se presentó la Decisión definitiva por parte de Las Subsidiarias. A partir de ese evento, el demacrado bastión último de lo que en su antaño se llamaba Estado pasó a mejor vida.

¿Qué ocurría entonces con lo que aquellos ancestros llamaban la “formación académica”? Pues se transformó (o mutiló) en un ente sin forma que Las Subsidiarias regían. Cada @ (me es escalofriantemente repugnante referirme textualmente a la compresión inmoral que los lenguajes padecieron infernalmente: ya no eran lenguajes del todo, sino que se aplicaba una base de comunicación universal. Zamenhof, aun cuando “eso” no era Esperanto, nunca hubiere previsto que su ideal de interacción lingüistica sin límites hubiere de ser tergiversado en tal grado) sólo debía digerir lo necesario para que su existencia sirviera esclavistamente a La Compañía en ese neo-urbanismo.

“Snacks”

Él ser burlaba en frases aparentemente inconexas, acotadas a medio camino a lo Joyce: “Monedita, quiero Monedita. Sí, don O. la Academia de Ciencias le va a dar su Monedita. Gracias por su apoyo al Norte. Ocupábamos abrigo en la Fría. Por la mísera Monedita hurtó. La confianza de media zona rural. Les lleva el TeEle que. Evoca a Roosevelt o a Monroe”.

“Lo que era ya no es. Lo que es dejará de ser”. Una premisa que alguien considera como axioma magistral del vivir. Ya él y otros pocos realmente habrán vivido y experimentado el empujón reiterativo de la historia. Para estas personas, entre los turistas que transcurrían cual código de barras permeaba un aglutinante que a todos los colgaba, uno junto a otro. Se trataba del esperpéntico continuar del cambio hacia la horizontalidad del saber. En lugar de abarcar las ignotas profundidades cavernales de un tópico, dispersaban su DDT de reconocimiento sobre sembradíos cognoscitivos enteros. Buscaban inútilmente al Manitú esencial sobre la piel porosa de las máscaras culturales.

Su deformación bursátil lo sumía en el de algodónico tono viernes del 29 para defraudar marcialmente a la gremiada de engorrosos inversionistas, quienes transversaban con la ambición el inverosímil océano fluctuante de ofertas psiquiátricamente cancerosas y demandas horrorosas del vacío material y de epíteto no-existir. Divergían despectivamente las plateadas minas cambogianas de detonante monetario lejos del contrapeso financiero paupérrimo en los sistemas productivos.

Enmarcada en el portón de materiales extraídos de los armarios profundos de las locales ferreterías se encontraba la edificación que no estaba. La percibía bajos los dominios de ese feudo rojizo soldado, aunque el construído no ocupaba un lugar en la plaza, dentro de la que los principios físicos oprimen dictatorialmente la presencia de otros edificios. No pertenecía a esta tierra; creo que los peregrinos lo consideraban un perfecto extranjero sin lugar de nacimiento conocido. Tampoco el cadáver de madera podía enterrarse en ese sitio.

¿Besteht die sofortige Möglichkeit, die Wohlmut beiseite zu legen, ihre Zaunen zu erwischen und von den geselligen Behörden Blicke entgegenzunehmen?

Se escalonaba la matriz ingente del podio difuminado, donde el esclavo de las circunstancias se resignaba a una subyugación metafísica de su entidad racionalista. La densidad del conjunto de sus ideas se desaguaba por entre las transposiciones necrófagas del madero solemne.

Creo que ya esperabas respuesta definitiva de mi persona que perdió su serenidad vagabunda de soledad e ingresó a la emoción épica de sobrevivir al heróico vértigo pasional de tus nobilísimos sentimientos.

Insalvable en el torrente generoso de atracción a la mística jungla alborozada de vida por tu cálido afecto.

Mort

– Y Hortencia desenlazaba los corales obligados a ahorcarse en el hilacho desecho.

Sin embargo, Tenorio parece haber sucumbido a una sima diabólica de depresión, con el suicidio pisándole los talones, por lo que utilizaba las típicas metáforas de muerte en lo inerte, ya que bajaba los ojos y presenciaba su propio cadáver, todavía funcional, aunque demolido intensivamente por una falta de apetito.

– Parecía que su desgane le tenía el mundo hostilmente gris, por lo que hablaba de todos como si durmieran en ataúdes prematuramente. Su percepción obscenamente gotiqueisca lo inspiraba a narrar su propio asesinato.

Botadero tipográfico

Arrebatábale la voz “ese”, nefasto y mefistofélico, obelisco incrustado entre su costado mental. Un respiro se transformaba sin excusas en exhalación a través de las atiborradas médulas de aire impuro para el alma que le rodeaban su ser perceptivo.

Invocábase a sí misma y a su propia misericordia celestial o del Hades, sea cual fuere el etéreo reino dentro del que su ego, como el de un dios, la convencía que poseía la total capacidad de control.

Ella era, en su dialéctica consigo misma, todavía consciente del tipo de rea paroxismal que su ente representaba en los reinos más allá del éter que suponía ella dominar.

No podía, en todo su destierro existencial, adueñarse del feudo de la realidad. Evidentemente no parece grato ante el acérrimo degustar del que presencia este tipográfico botadero, si tal es una calificación que, aunque sea en mínimo, se aproxime a describir su intento de obra.

¿Tenía alguna, siquiera ínfima, razón de ser aquella aspereza de incoherencias que su transgredida garganta carraspeaba entre las lajas agudísimas del caserón mental que se le desgranaba?

Si en los lugarescomunes criábase, otrora esplendor de la letra, ya carnevalesca obsesión de los huérfanos guerrilleros, armados de lapiceras que desconocen emplear, carecía entonces del lúdico complejo vitamínico que sus tutores intelectuales insuflíanle al éter.

El no-lugarcomún resultaba ser, en efecto, el éter, al musica de las esferas que nadie asimila, sino que absorbían como ruido y segregraban como estupor.

Tal rareza lingüística no pretendía decir algo más que unas intenciones en encondijo de zorro que la configuración topográfica de tan ambigua psiqué expresaba, o por lo menos suponía desear externar.

Por el contrario, a como yo opine anteriormente, me parece completamente absurdo que yo considere simples y meras intenciones de su obra. Afirmo con toda responsabilidad sobre la verdad que ella externó, palabra por palabra, lo que ella experimentaba en tal marasmo intelectual. Superficialmente puedo considerar que ella no dijo algo de valor. Sin embargo, pienso que me equivoco completamente, ya que no tengo la base teórica para decifrar tal conjunto de conjeturas.

Otro intento de narración experimental

Igual que siempre se levantó a las 6 de la mañana, como si mucho amara ser contador en las oficinas centrales de la “magna” institución, prócer en el cuidado de la salud” (¿para qué el nombre si ya sabés de qué estoy hablando?). Los “lindos” mocosos de esa familia lo despertaban antes de que sonara el despertador (y vieras qué insolentes que son con una, no sé de dónde carajos aprenden a criarse, como si la mama los quisiera como para ver con quienes andan).

Diay, volviendo al asunto, el tata agarra el “periódico” (entenderás de cual se trata, ¡cómo que no! si es que es clarísimo, mujer, como el agua de la cañería… ¡a vos te llega igual! es que no se puede lavar una nada de ropa, queda pero es que sucitica), ¡y la sorpresa cuando ve la noticia del compañero de trabajo (sí, ese, del que te conté la otra vez) que le da vuelta a esposa, le echan la gente de asuntos familiares y…

Me estaba realmente hartando de estas “señoras” de la buena moral” desayunando a los vecinos con café “rechinado” (como dicen, que a mí me sabe exactamente igual). Se aprecia lo desagradable de tal forma de “moralizar” a espaldas del otro. ¿No pueden ocuparse de sus asuntos y dejar al resto vivir con el “trabajo y la paz”? Realmente grotesco resulta que una lírica de nuestras raíces se deje prácticamente para los partidos, ¡si es que se trata de nuestro pueblo, de la nación en la que se vive sin ejército!

Volviendo a esa hipocrecía de vecinas (no es que tenga algo contra las mujeres, es que se trata específicamente de las que cotorrean y no se dedican a cuestiones más edificantes que servirse de la miseria ajena), no resulta nada nuevo que estas “damas de categoría y refinamiento discursivo” le muestre a la otra los “trapos sucios” del barrio, en lugar de lavarlos “lavarlos” (si es que el abastecimiento moral da para algo) disfrutan el buscar hasta las ínfimas manchitas.

Tal cuestión se llama falta de tolerancia, en tal medida que las dichas mujeres disfrutan de su plena libertad de diálogo (aunque resulte que devoren al pueblo al amanecer, como indica el joven). La moralidad pública no es ni asunto de él ni de las damas, pero nada les prohibe criticarse mutuamente. Es más, ¿qué tanto lo diferencia a él de las señoras en cuanto a la forma de referirse a los acontecimientos del otro? ¿No es que acaso el observador resulta, en su morboso acto de voyurismo en la tan llamada “moral del pueblo”, tan hipócrta como las damas que no tienen más entretenimiento que hablar sonbre el chisme?

Dii, mae, ¿quién lo tiene a usté también hablando del otro? ¿No le da vergüenza que, mientras el maecillo, diay, dice que lo que las doñas hablan no le parece, usté ni lo deje decir qué siente? Tan chismoso usté como las vecinas o el maecillo. ¿Y qué es eso de lo “morboso”, si así anda la gente de chante en chante llevando los cuentos que les contaron? Diay, es normal que, si a uno no le gusta alguna vara, que le diga a un compa, ¡si así se desquita uno de la cólera que le da!

Un intento de algo llamado “escritura libre”

Claro está, algo más vacío que esta frase puede no existir. Y de qué se trata el existir? -Dejá de tus preguntas metafísicas, che/mae/como querás, que si no estamos en la Argentina es aquí o allá. Y para qué internacionalizarse, si se trata de rescatar lo nuestro? -Ni tenés fuerza para rescatarte a vos mismo, ya ni sabés a qué pertenecés. Ni tico, ni gringo, ni australiano, ni taiwanés. Ni quechua, ni maya, ni beduino, ni khmer. -Cómo se pronuncia? Algo así como “Jemer”, los de Cambodia. Un país que no conocés. -Ni me interesa conocer. Por qué tan cerrado al mundo, si puedo saber? -No ves que estoy de lo más bien en esta mi Costa Rica. Pero no necesariamente quiere decir que, si aprendés más sobre lo que te rodea, debás olvidar lo propio. -Pero puedo caer en tu mediocridad de identidad. Ni de aquí ni de ningún lado. Lo mío es problema propio, no le sucede a los que conocen de todo lugar en la Tierra. -Pero ni has viajado que a Europa, y ni eso, sino que sólo a un país allá. Pero se puede conocer sin estar allí. Se trata de entender cómo viven en esos parajes, con esos lenguajes. -Creés que se puede, sin moverse? No me vengás con babosadas, si el vivir ahora es lo importante.

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